La cosa había salido mal, muy mal. Diana llevaba 3 días metida en su casa sin querer salir, ni siquiera quería contestarle las llamadas a Mel. Su madre harta de ver la situación en la que se encontraba la obligó a salir de casa, le daba igual dónde fuera, sólo quería que se despejara un poco. Ella a malas aceptó lo que su madre le pidió y fue a dar una vuelta por la calle. Como de costumbre, fue al parque cercano de su casa y se sentó en un banco a mirar como pasaba el tiempo, en realidad estaba haciendo lo mismo que en su habitación, o sea, nada. No quería pensar en lo que había ocurrido ni darse cuenta de la situación tan ridícula en la que se encontraba. Edu había jugado con ella como le había dado la gana y en el transcurso de esos tres días él había intentado arreglar la situación de todas las maneras posibles pero Diana se negó totalmente a aceptar cualquier petición de disculpa. De pronto sonó el telefono, no le hizo falta mirarlo para saber que era Edu, esta vez contestó pero sólo para decir:
- Hola, vete a la mierda, adiós.
Y colgó. Pero él no pensaba darse por vencido y volvió a llamar un número seguido de veces ya que ella pasaba de contestarle. Harta ya de que sonara se lo cogió y, como no, le contestó de una forma brusca y mal hablada.
- ¿Qué coño quieres?
- Pedirte perdón joder.
- ¿Pedirme perdón? Lo que hiciste no tiene perdón ninguno, eres un cerdo y un cabrón con todas las letras. No sé cómo he podido ser tan tonta.
- Diana sabes que te quiero a ti, sólo necesito tiempo...
- ¿Tiempo para qué? Para irte con esa en cuanto me doy la vuelta, mira Edu olvídate de mi para siempre, no quiero volver a verte en mi vida.
Diana colgó el teléfono y se puso a llorar, pero cansada de la situación de siempre se secó las lágrimas y se fue del parque para ir a otro sitio a relajarse.
Entró en un bar en el que no había estado nunca, lo conocía de vista, de pasar por allí unas cuantas veces, pero jamás había entrado. Se pidió un café y se sentó en una mesa retirada de la gente, no quería que nadie la reconociese o la viese llorando.
Mientras pasaba el tiempo se le iba acabando el café y los pañuelos que tenía perdidos por el bolso. De pronto, se acercó alguien a ella y se sentó en su mesa, alguien desconocido. Era un chico, moreno de ojos verdes y no muy alto, a primera vista le parecio un chico muy mono. Diana no lo había visto en la vida ni sabía por qué se había sentado allí con ella, él simplemente sonrió y la saludó.
- Hola.
- Emm esto..hola.
- ¿Qué tal estás?
- No muy bien..a todo esto, ¿tú quien eres?
- Es cierto jajajaja soy un maleducado perdón, me llamo Nando. Estaba allí en aquella mesa con unos amigos y te he visto y no he podido evitar fijarme en que no estabas del todo bien, y me preguntaba por qué una chica tan guapa tenía una carita tan fea puesta.
A Diana todo aquello le parecía muy extraño, si se hubiera imaginado la situación de inmediato habría pensado que el chico era un poco descortés o que esas cosas sólo ocurrían en las películas. Pero en cambio en aquel momento le gustó que alguien se preocupara por ella de esa forma, así que le siguió la conversación sin importarle apenas lo desconocido que era.
- Pues esta cara es debido a que mi vida es un poco mierda.
- Vamos, no digas eso, seguro que sólo estás teniendo una mala racha.
- Si es eso te diré que la mala racha me está durando bastante y me asquea por completo.
- ¿Tú crees? entonces al conocerme a mí se te ha acabado la mala racha, jajajaja.
Diana por primera vez en varios días sonrió.
- ¿Me lo puedes prometer? no acabo de creérmelo del todo.
- Te lo puedo jurar si quieres, ¡jajaja!
Estuvieron hablando el resto de la tarde, conociéndose, hablando de sus gustos y aficiones, manías, destrezas y de lo que solían hacer cuando se aburrían demasiado.
Diana no quería marcharse, se le pasaba el tiempo volando y no se estaba dando cuenta de que se le estaba haciendo tarde. Pero no era la única ya que Nando estaba igual, no quería irse, hasta sus amigos habían decidido marcharse y lo dejaron a él hablando con ella.
De repente el móvil de Diana interrumpió la charla, era su madre, que la estaba llamando para que volviera a casa. Ella quería que saliera un poco, pero tampoco pensaba que se fuese a llevar toda la tarde fuera.
Diana no le contestó, prefirió mandarle un mensaje diciéndole que ya iba para casa.
- Lo siento Nando, me tengo que ir, se me ha hecho super tarde.
- Es verdad, que egoísta soy acaparándote aquí para que hables conmigo.
- Que va, todo lo contrario, me hacía muchísima falta despejarme un poco y gracias a ti hoy lo he conseguido.
- Entonces me alegro de haber venido a saludarte, jajaja. Oye ¿quieres que te acompañe a casa?
- No te molestes, vivo cerca y en nada llego.
- Ok, ¡pero ten cuidado eh! jaja. ¡Ah! y si no te importa, me encantaría tener tu número de teléfono para llamarte algún día y volver a quedar.
- Por supuesto, lo haré encantada.
Se dieron los números y Diana salió pitando hacia su casa, hacía frío y estaba cansada, tan sólo quería llegar para descansar y pensar en lo que le había ocurrido aquel día. No sabía por qué, pero Nando le había llamado la atención de una manera increible.
quiero más. jaja. belén
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