Mel se había llevado toda la mañana deambulando por su ciudad, se aproximaba la hora del almuerzo y volvió a casa como si hubiera hecho su jornada diaria.
Al volver hizo lo de siempre, aparentemente su vida no había cambiado desde un punto de vista exterior, pero en su interior todo era un rompecabezas sin sentido y no se veía capaz de encontrar una salida.
Se encerró en su cuarto al acabar de comer, para sencillamente pensar en lo desgraciada que era su vida en esos momentos, no tenía nada de positivismo ni ganas de encontrarlo. Su teléfono estaba saturado de llamadas de Diana, la cual había decidido dirigirse a su casa porque sabía que algo iba mal.
No tardó mucho en llegar, por supuesto Mel no esperaba su visita, si lo hubiera sabido se las habría ingeniado para no recibirla. Diana entró en su cuarto sin llamar, no dijo hola ni nada, simplemente al abrir la puerta fue corriendo hacia Mel y la abrazó fuerte, ella sólo pudo contestar con un abrazo aún mayor acompañado de un llanto tan agudo que la ahogaba.
- Mel cariño, ya lo sé todo.
- ¿Qué? pero ¿Cómo?
- Ya hace tiempo que sospechaba algo, y Gonzalo me lo ha contado todo esta mañana en clase, me ha preguntado por ti, pero lo único que he podido decirle es que es un capullo integral. ¿Tú cómo estás cielo?
- Hecha mierda, ¿No me ves? No entiendo nada Di, todo iba genial, y de repente...adiós.
- Tal vez sólo iba bien para ti Mel. Para los demás no era así. No sé, como te he dicho antes, yo ya notaba algo raro...
- ¿Algo raro? ¿Qué dices? no me cabe en la cabeza tal barbaridad. Era todo perfecto Diana, ¿Por qué has dicho antes que ya sospechabas algo?
- No sé si debería decírtelo.
- Mírame y piensa si merezco saberlo o no.
Diana le hizo caso y sólo le bastó una mirada para darse cuenta de que era su mejor amiga y que no podía ocultarle nada.
- Sí, lo mereces saber. Verás Mel, hace unas dos semanas salí de mi casa para hacer unas compras. Cuando iba pasando por una esquina vi de lejos a Gonzalo con una chica, al parecerme que eras tú me acerqué un poco más para ir a saludarte. Cuando estaba lo bastante cerca para reconocerte me di cuenta de que esa chica no eras tú. Decidí no ser mal pensada, que podía ser una amiga o familiar, pero al verlos besarse no tuve más remedio que contradecirme. A continuación me fui...porque no quería seguir viendo nada más.
- ¿Qué los viste besarse? ¿Por qué demonios no me dijiste nada?
- Supongo que no te dije nada por miedo, porque no quería ser la responsable de que... Estuvieras hecha mierda...
- ¡Basta! No quiero saber nada más... Me siento la cosa mas estúpida del universo. Me ha engañado y utilizado como a una muñeca rota... ¡Pero qué idiota he sido joder! Y esa chica ¿Quién era?
- No lo sé, no la conozco ni la había visto en mi vida.
- ¿Qué aspecto tenía?
- Alta y delgada, sonreía mucho, tenía el pelo de color castaño e iba vestida con un uniforme de trabajo, puede que esté trabajando por aquí cerca, en alguna tienda o algo.
- Nada... No sé quien puede ser...pero paso, no quiero pensarlo ahora.
Mel se puso a llorar y Diana empezó a consolarla, no sabía qué palabras utilizar ya que conocía demasiado bien a su mejor amiga y sabía que todo consuelo que le dijera ella lo utilizaría en su propia contra.
- De verdad no entiendo cómo Gonzalo ha podido hacerte esto, no te lo mereces...
- Yo ya no quiero pensar en nada, sólo me hace más daño.
Dijo Mel secandose las lágrimas.
- ¿Sabes qué? Pienso averiguar quién es esa chica y pienso llamarla de todo menos bonita.
- ¡Muy bien! ¿Y a Gonzalo qué le harás?
- ¿A él? La inexistencia. La ignorancia es el peor de los asesinatos.
- Bueno como tú lo veas mejor, pero no quiero que sigas así de hundida Mel...
- Dame tiempo Di, esto duele demasiado.
Diana miró a Mel con compasión, no quería verla así pero sabía cómo se sentía puesto que ya había pasado por lo mismo.
De repente la voz de Mel sacó a Diana de su trance.
- Di, tu móvil está sonando.
- ¡Oh! Ni me había enterado, es un mensaje.
Cuando lo miró a Diana se le iluminó la cara con una sonrisa.
- Venga suelta ¿Qué te traes entre manos y con quién?
- ¡Jajaja! Es Nando, dice que echa de menos y que tiene muchas ganas de volver a verme.
- ¡Guau! Con todos mis malos rollos se me olvidó por completo preguntarte como te va con él...
- No te preocupes te entiendo. Pues como ves va bien, no sé es diferente.
Las chicas siguieron hablando de Nando, a Mel le sentaba mejor eso, así se olvidaba de sus problemas por un tiempo y hacía feliz a su mejor amiga.
martes, 26 de abril de 2011
jueves, 14 de abril de 2011
Capitulo 14 - Yo respiro tu aliento
Al día siguiente Mel no fue a clase, no tenía fuerzas ni ganas, decidió irse a una cafetería a pensar en lo que había pasado, porque seguía sin entender nada. Llegó, se sentó y le pidió un café al camarero. En su estado de nervios totales no le favorecía la cafeína, pero le daba igual todo en ese momento.
Su cabeza seguía saturada de cosas que no comprendía, de imágenes pasadas, de buenos momentos y también de algunos no tan buenos. Pero ninguno le daba la respuesta a la pregunta que tenía...¿Por qué?.
Su móvil vibró, era Diana, seguramente para preguntarle dónde se había metido, ella no contestó porque aún no le había contado nada a nadie para que no empezara a correrse el rumor.
Por un momento Mel despertó de su trance de pensamientos porque le trajeron el café, pero ya no era el camarero de antes, era una chica más o menos de su misma edad y con una gran sonrisa.
- Toma mona, tu café.
Le dijo la chica sonriendo.
- Gracias.
Contestó Mel con tono apagado.
La chica lo notó y no pudo evitar preguntarle, se sentó en su mesa y se quedó mirándola.
- Perdona pero... no estás bien ¿Verdad?
- ¿Tanto se me nota?
Mel no solía estar acostumbrada a que las camareras le preguntaran por su vida privada, pero necesitaba desahogarse y a veces hacerlo con un extraño es la mejor manera ya que no te juzga por no saber cómo eres.
- Bueno se te nota un poco...mucho. Sé que no debería meterme pero, ¿puedo preguntarte qué te pasa?
- Me pasa que la persona que me daba sentido se ha largado, y ahora estoy...perdida.
No sé qué he hecho para cargarme la relación, pero está claro que la culpa es mía.
- Haya sido la culpa de quién haya sido, tienes que dejar de lamentarte, porque no sirve de nada.
- Pero, ¿qué quieres que haga? ¿sabes lo que duele?
No sabes lo que es adaptarse a una persona para que luego te abandone...
- ¿Adaptarse?
- Sí, porque te adaptas. Te amoldas a él, a sus gustos, a sus miedos, a sus alergias, a lo que odia. Te aprendes hasta la última de sus manías y te da la sensación de que eres la persona que mejor lo conoce en este mundo y que nadie puede compararse contigo.
Es más, te da una sensación de bienestar inigualable. Todo es perfecto ya que sabes lo que quiere y cuando lo quiere. Llega tal momento en que, con tan sólo un gesto sabes qué le ronda por la cabeza.
Hasta que un día le descubres otro gesto...y es el de ''no quiero que sepas nada más de mí'', de ''no te necesito pero intento ocultartelo''...pero por desgracia ese gesto es el que más notas. Y al darte cuenta todo cambia, porque haces todo lo posible para arreglarlo y lo único que consigues es empeorarlo más. Todo va al reves y tienes la sensación de que tú eres la única que ha seguido caminando en la misma dirección.
A partir de ahí todo va mal, él te ignora cada día un poco más, y tú lo único que sientes es...impotencia y rabia. Y aunque no hayas tenido la culpa de nada, te sientes la mierda más grande del mundo porque no te cabe en la cabeza que no le hayas podido poner remedio a algo que tanto te importaba....
- Vaya chica...qué profundo. Sin duda alguna, si tuviera que dar una definición de amor diría todo lo que me has soltado ahora mismo.
- Sólo son palabras, y las palabras se las lleva el viento. Bueno se me hace tarde, no quiero echar toda la mañana aquí echa una mierda. Gracias por escuchar mi eterno discurso
- No las des, se ve que lo necesitabas, y complacer al cliente es mi trabajo. Espero que se arregle todo muy pronto.
Mel le dedicó una pequeña sonrisa a la camarera, no conocía su nombre ni sabía nada de ella, había vivido una situación extraña pero necesaria para desahogarse.
Cuando se despidió de ella salió por la puerta camino de algún lugar dónde poder estar a solas con su melancolía.
Su cabeza seguía saturada de cosas que no comprendía, de imágenes pasadas, de buenos momentos y también de algunos no tan buenos. Pero ninguno le daba la respuesta a la pregunta que tenía...¿Por qué?.
Su móvil vibró, era Diana, seguramente para preguntarle dónde se había metido, ella no contestó porque aún no le había contado nada a nadie para que no empezara a correrse el rumor.
Por un momento Mel despertó de su trance de pensamientos porque le trajeron el café, pero ya no era el camarero de antes, era una chica más o menos de su misma edad y con una gran sonrisa.
- Toma mona, tu café.
Le dijo la chica sonriendo.
- Gracias.
Contestó Mel con tono apagado.
La chica lo notó y no pudo evitar preguntarle, se sentó en su mesa y se quedó mirándola.
- Perdona pero... no estás bien ¿Verdad?
- ¿Tanto se me nota?
Mel no solía estar acostumbrada a que las camareras le preguntaran por su vida privada, pero necesitaba desahogarse y a veces hacerlo con un extraño es la mejor manera ya que no te juzga por no saber cómo eres.
- Bueno se te nota un poco...mucho. Sé que no debería meterme pero, ¿puedo preguntarte qué te pasa?
- Me pasa que la persona que me daba sentido se ha largado, y ahora estoy...perdida.
No sé qué he hecho para cargarme la relación, pero está claro que la culpa es mía.
- Haya sido la culpa de quién haya sido, tienes que dejar de lamentarte, porque no sirve de nada.
- Pero, ¿qué quieres que haga? ¿sabes lo que duele?
No sabes lo que es adaptarse a una persona para que luego te abandone...
- ¿Adaptarse?
- Sí, porque te adaptas. Te amoldas a él, a sus gustos, a sus miedos, a sus alergias, a lo que odia. Te aprendes hasta la última de sus manías y te da la sensación de que eres la persona que mejor lo conoce en este mundo y que nadie puede compararse contigo.
Es más, te da una sensación de bienestar inigualable. Todo es perfecto ya que sabes lo que quiere y cuando lo quiere. Llega tal momento en que, con tan sólo un gesto sabes qué le ronda por la cabeza.
Hasta que un día le descubres otro gesto...y es el de ''no quiero que sepas nada más de mí'', de ''no te necesito pero intento ocultartelo''...pero por desgracia ese gesto es el que más notas. Y al darte cuenta todo cambia, porque haces todo lo posible para arreglarlo y lo único que consigues es empeorarlo más. Todo va al reves y tienes la sensación de que tú eres la única que ha seguido caminando en la misma dirección.
A partir de ahí todo va mal, él te ignora cada día un poco más, y tú lo único que sientes es...impotencia y rabia. Y aunque no hayas tenido la culpa de nada, te sientes la mierda más grande del mundo porque no te cabe en la cabeza que no le hayas podido poner remedio a algo que tanto te importaba....
- Vaya chica...qué profundo. Sin duda alguna, si tuviera que dar una definición de amor diría todo lo que me has soltado ahora mismo.
- Sólo son palabras, y las palabras se las lleva el viento. Bueno se me hace tarde, no quiero echar toda la mañana aquí echa una mierda. Gracias por escuchar mi eterno discurso
- No las des, se ve que lo necesitabas, y complacer al cliente es mi trabajo. Espero que se arregle todo muy pronto.
Mel le dedicó una pequeña sonrisa a la camarera, no conocía su nombre ni sabía nada de ella, había vivido una situación extraña pero necesaria para desahogarse.
Cuando se despidió de ella salió por la puerta camino de algún lugar dónde poder estar a solas con su melancolía.
lunes, 11 de abril de 2011
A veces las notas son más importantes que los textos principales....
Primero pedir perdón por el abandono del blog, por no cumplir no sólo con vosotros sino conmigo misma, porque me he abandonado durante estos 3 meses, ya que para mí escribir aquí no consiste sólo en inventarme una historia...reflejo o al menos intento reflejar mis pensamientos y mi modo de ver las cosas. Contar mis miedos o los pequeños detalles que me hacen ser feliz, esas cosas que sólo yo veo y que me gustaria que todos los demás también viesen para sentirme un poco menos rara o para verme un poco más integrada en una sociedad que no entiendo.
Aún con ello insisto, perdón, porque sé que jode muchísimo dejar algo que te gusta a la mitad, pero no he estado bien y necesitaba despejarme un poco para volver a pensar en mí, y en mi especial filosofía. Porque ultimamente eso es lo que ha pasado que no he pensado en mi, que les he regalado mi mente y mi tiempo a los demás y me he despistado un poco.
Así que lo dicho, vuelvo a escribir como estais viendo, aquí os dejo el capítulo 13 y pronto subiré el 14.
Espero que os siga gustando tanto como antes;)
thanks for being here, with me.
Aún con ello insisto, perdón, porque sé que jode muchísimo dejar algo que te gusta a la mitad, pero no he estado bien y necesitaba despejarme un poco para volver a pensar en mí, y en mi especial filosofía. Porque ultimamente eso es lo que ha pasado que no he pensado en mi, que les he regalado mi mente y mi tiempo a los demás y me he despistado un poco.
Así que lo dicho, vuelvo a escribir como estais viendo, aquí os dejo el capítulo 13 y pronto subiré el 14.
Espero que os siga gustando tanto como antes;)
thanks for being here, with me.
Capitulo 13- Yo respiro tu aliento
Habían pasado unas semanas, el plan no cambiaba, Gonzalo seguía distante y raro, Mel ya no sabía qué hacer ni qué decirle, se sentía impotente ante la realidad de la situación y no se atrevía a preguntarle nada por miedo a la respuesta.
Había dejado de esperarla por las mañanas en la puerta del instituto, ya no le daba besos cuando se la encontraba por los pasillos. Ni siquiera iban a la casita de campo que a Mel tanto le gustaba.
Una tarde de las ya tan monótonas para ella, Gonzalo la dejó en su casa al acabar las clases, se dieron un beso antes de que ella saliera del coche, pero ya no era como antes... Sus besos eran vacíos, comprometidos y sabían a lástima. Mel subió a su casa, estaba mal, fatal, pero ya había llorado tanto que no le quedaban lágrimas.
Sus padres la notaban extraña, no sabían nada del asunto, claro, ya que ella pensaba que bastante tenían con sus propios problemas como para cargar también con los suyos. Pasaron las horas y Mel se encargó de hacer su vida como el resto de los días, la única diferencia es que era incapaz de dejar de pensar en él.
A las nueve de la noche recibió un mensaje, era de Gonzalo, la verdad le sorprendió porque había dejado de mandarle mensajes para decirle cuánto la quería. En un principio pensó que a lo mejor en ese mensaje iba a pedirle perdón por todo y a decirle que todo iba a ir a mejor.
Cuando lo abrió no supo qué pensar, en él decía que se fuera al parque dónde solían ir siempre, que tenían que hablar. A Mel le empezaron a temblar las piernas y su corazón iba a mil por hora, algo iba a pasar, aunque no sabía si bueno o malo. Salió de su casa corriendo sin decir nada, y fue hacia allí lo más rápido que pudo.
Cuando llegó, Gonzalo ya estaba allí, sentado y cabizbajo con la mirada perdida. En el momento que lo vio, le dio la sensación de que todo el oxigeno del mundo no era suficiente para su respiración.
Mel lo saludó tartamudeando con un simple ''hola'' y él se puso de pie.
- Mel... Lo siento.
- ¿Qué pasa?
- No puedo seguir con esto, no quiero que acabes jodida por mi puta culpa, no te lo mereces.
- ¿Qué me estás diciendo Gonzalo?
- Que es mejor dejarlo.
- ...¿Qué? ¿por qué?
- Ya te lo he dicho, es mejor para ti.
- ¿Mejor para mí? Si quisieras lo mejor para mi no me hubieras tratado como lo has hecho estas últimas semanas.
Ni hubieras estado tan distante, no sabes lo mal que lo he pasado, todo lo que he sufrido, y todo por ti.
- Ya lo sé, por eso no quiero seguir, te dije que la iba a cagar.
- Pero... ¿Es qué acaso no eres feliz conmigo?
Gonzalo permaneció en silencio antes de responder, pensaba que a su lado era el más feliz del mundo ya que ella era perfecta, pero no podía decirle eso porque la dejaría peor. Así que le respondió:
- No, no soy feliz por eso quiero dejarlo.
Después de eso Gonzalo se fue, pasando a su lado como si no hubiera nadie, y desapareció.
Mel se quedó en shock, no sabía qué pensar, su mente se saturó porque nada le encajaba, se quedó allí, de pie y quieta, intentando asimilar que lo que más había querido, la acababa de destrozar.
Había dejado de esperarla por las mañanas en la puerta del instituto, ya no le daba besos cuando se la encontraba por los pasillos. Ni siquiera iban a la casita de campo que a Mel tanto le gustaba.
Una tarde de las ya tan monótonas para ella, Gonzalo la dejó en su casa al acabar las clases, se dieron un beso antes de que ella saliera del coche, pero ya no era como antes... Sus besos eran vacíos, comprometidos y sabían a lástima. Mel subió a su casa, estaba mal, fatal, pero ya había llorado tanto que no le quedaban lágrimas.
Sus padres la notaban extraña, no sabían nada del asunto, claro, ya que ella pensaba que bastante tenían con sus propios problemas como para cargar también con los suyos. Pasaron las horas y Mel se encargó de hacer su vida como el resto de los días, la única diferencia es que era incapaz de dejar de pensar en él.
A las nueve de la noche recibió un mensaje, era de Gonzalo, la verdad le sorprendió porque había dejado de mandarle mensajes para decirle cuánto la quería. En un principio pensó que a lo mejor en ese mensaje iba a pedirle perdón por todo y a decirle que todo iba a ir a mejor.
Cuando lo abrió no supo qué pensar, en él decía que se fuera al parque dónde solían ir siempre, que tenían que hablar. A Mel le empezaron a temblar las piernas y su corazón iba a mil por hora, algo iba a pasar, aunque no sabía si bueno o malo. Salió de su casa corriendo sin decir nada, y fue hacia allí lo más rápido que pudo.
Cuando llegó, Gonzalo ya estaba allí, sentado y cabizbajo con la mirada perdida. En el momento que lo vio, le dio la sensación de que todo el oxigeno del mundo no era suficiente para su respiración.
Mel lo saludó tartamudeando con un simple ''hola'' y él se puso de pie.
- Mel... Lo siento.
- ¿Qué pasa?
- No puedo seguir con esto, no quiero que acabes jodida por mi puta culpa, no te lo mereces.
- ¿Qué me estás diciendo Gonzalo?
- Que es mejor dejarlo.
- ...¿Qué? ¿por qué?
- Ya te lo he dicho, es mejor para ti.
- ¿Mejor para mí? Si quisieras lo mejor para mi no me hubieras tratado como lo has hecho estas últimas semanas.
Ni hubieras estado tan distante, no sabes lo mal que lo he pasado, todo lo que he sufrido, y todo por ti.
- Ya lo sé, por eso no quiero seguir, te dije que la iba a cagar.
- Pero... ¿Es qué acaso no eres feliz conmigo?
Gonzalo permaneció en silencio antes de responder, pensaba que a su lado era el más feliz del mundo ya que ella era perfecta, pero no podía decirle eso porque la dejaría peor. Así que le respondió:
- No, no soy feliz por eso quiero dejarlo.
Después de eso Gonzalo se fue, pasando a su lado como si no hubiera nadie, y desapareció.
Mel se quedó en shock, no sabía qué pensar, su mente se saturó porque nada le encajaba, se quedó allí, de pie y quieta, intentando asimilar que lo que más había querido, la acababa de destrozar.
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