Habían pasado unas semanas, el plan no cambiaba, Gonzalo seguía distante y raro, Mel ya no sabía qué hacer ni qué decirle, se sentía impotente ante la realidad de la situación y no se atrevía a preguntarle nada por miedo a la respuesta.
Había dejado de esperarla por las mañanas en la puerta del instituto, ya no le daba besos cuando se la encontraba por los pasillos. Ni siquiera iban a la casita de campo que a Mel tanto le gustaba.
Una tarde de las ya tan monótonas para ella, Gonzalo la dejó en su casa al acabar las clases, se dieron un beso antes de que ella saliera del coche, pero ya no era como antes... Sus besos eran vacíos, comprometidos y sabían a lástima. Mel subió a su casa, estaba mal, fatal, pero ya había llorado tanto que no le quedaban lágrimas.
Sus padres la notaban extraña, no sabían nada del asunto, claro, ya que ella pensaba que bastante tenían con sus propios problemas como para cargar también con los suyos. Pasaron las horas y Mel se encargó de hacer su vida como el resto de los días, la única diferencia es que era incapaz de dejar de pensar en él.
A las nueve de la noche recibió un mensaje, era de Gonzalo, la verdad le sorprendió porque había dejado de mandarle mensajes para decirle cuánto la quería. En un principio pensó que a lo mejor en ese mensaje iba a pedirle perdón por todo y a decirle que todo iba a ir a mejor.
Cuando lo abrió no supo qué pensar, en él decía que se fuera al parque dónde solían ir siempre, que tenían que hablar. A Mel le empezaron a temblar las piernas y su corazón iba a mil por hora, algo iba a pasar, aunque no sabía si bueno o malo. Salió de su casa corriendo sin decir nada, y fue hacia allí lo más rápido que pudo.
Cuando llegó, Gonzalo ya estaba allí, sentado y cabizbajo con la mirada perdida. En el momento que lo vio, le dio la sensación de que todo el oxigeno del mundo no era suficiente para su respiración.
Mel lo saludó tartamudeando con un simple ''hola'' y él se puso de pie.
- Mel... Lo siento.
- ¿Qué pasa?
- No puedo seguir con esto, no quiero que acabes jodida por mi puta culpa, no te lo mereces.
- ¿Qué me estás diciendo Gonzalo?
- Que es mejor dejarlo.
- ...¿Qué? ¿por qué?
- Ya te lo he dicho, es mejor para ti.
- ¿Mejor para mí? Si quisieras lo mejor para mi no me hubieras tratado como lo has hecho estas últimas semanas.
Ni hubieras estado tan distante, no sabes lo mal que lo he pasado, todo lo que he sufrido, y todo por ti.
- Ya lo sé, por eso no quiero seguir, te dije que la iba a cagar.
- Pero... ¿Es qué acaso no eres feliz conmigo?
Gonzalo permaneció en silencio antes de responder, pensaba que a su lado era el más feliz del mundo ya que ella era perfecta, pero no podía decirle eso porque la dejaría peor. Así que le respondió:
- No, no soy feliz por eso quiero dejarlo.
Después de eso Gonzalo se fue, pasando a su lado como si no hubiera nadie, y desapareció.
Mel se quedó en shock, no sabía qué pensar, su mente se saturó porque nada le encajaba, se quedó allí, de pie y quieta, intentando asimilar que lo que más había querido, la acababa de destrozar.
He corregido un par de faltitas insignificantges... me ha gustado este capítulo... está muy bien... espero que continues escribiendo con esta calidad literaria... ;)
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